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Me han pedido un consejo de amor y en ese momento me dije: “Qué malo soy ayudando a la gente con sus problemas amorosos”.
Mientras me encontraba en la cola para cumplir con mi país y expresarme a través del voto, veo a una amiga que acompañaba a su padre a votar. Me doy cuenta que los efectivos del Plan República le niegan el paso al centro de votación. En ese momento, para no ladillarme en la cola y además tenía tiempo sin verla, decidí llamarla.
Le grito varias veces su nombre en el medio de la calle, comúnmente nunca hago esto porque me siento como un loco pegando gritos mientras todos me miran, pero muy extrañamente lo hice, no una, ni dos, sino varias veces. Ella voltea pero no me ve. Lo hace de nuevo hasta que logra ver que era yo el loco que gritaba su nombre en medio de la cola.
Se dirige hacia mí y comenzamos la conversación. Al principio fue normal, nos dijimos lo que cualquier persona se dice cuando tienen tiempo sin verse, un típico “¿cómo estás?”, un “¿qué más, qué has hecho?”. La conversa iba bien. Yo le contaba de mí y ella me contaba de ella. Al rato sin explicación alguna me dice: “Terminé con mi novio”. Yo conozco a su novio, podría decir que es un buen chico que sé que la quiere mucho, pero bueno, sabía que me lo decía para que yo le preguntara el por qué. Y así fue; creo que es algo automático, cuando alguien te dice algo así, uno en seguida dice extrañado: “¿Y eso, por qué, qué pasó?”.
Ella, después que le hice la pregunta, comenzó a contarme; en realidad no me importaba, este tipo de cosas no le importan a nadie si al caso vamos, pero como soy muy entrépito le presto mucha atención para estar enterado. “Bueno, ayer el publicó en el pin del Blackberry que estaba en el Reda (un centro comercial, eso creo), y no me había avisado, ¿puedes creerlo?”, me comentó; sólo pensé: “verga esta caraja si es cuaima”. Ella continuó con su relato y yo movía la cabeza de arriba abajo con unos “ajá” para matizar la charla.
Yo de impertinente, pero era algo lógico, le pregunté que si sólo por eso habían terminado. Pensando que me diría que sí, me sorprendo cuando me dice: “No, ya va, espérate que todavía falta”. Me siento interesado con su relato y deseo que la cola se prolongue por más tiempo. Ella continúa. Escuchaba puros “bla, bla, bla, bla…”, prestándole atención sólo a los momentos cumbres de cada parte de la historia.
En medio de su monólogo, admite que fue cuaima y que fue su novio el que terminó con ella. Empezó a humillarse, diciéndome que era una tonta, una imbécil y una gran cantidad de descalificativos que eran propios para esa situación. Me contó que lo había llamado varias veces a “jalarle bola”, pero él no le hacía caso, diciéndole que ya estaba cansado de ella. En eso me plantea una interrogante: “¿Es que acaso él no me ama como para perdonarme?". Yo sorprendido con la pregunta le digo: “Qué voy a saber yo. Él es novio tuyo, no mío”.
Aquí es cuando viene lo que temí en medio de la conversación, me preguntó: “¿Qué debo hacer Nelson?”. Le sigo contestando lo mismo: “Él es tu novio, deberías saber que hacer”.
Siguió pidiéndome consejos, uno tras otro, hasta que me cansé y le dije: “Yo sé resolver estos casos, pero cuando me pasan a mí. No sé que decirte. Sólo tú sabrás que hacer”; me sentí como el maestro Yoda (enano verde de Star Wars) al decirle eso. Pero de verdad la situación era muy incómoda y quería irme de ahí o hablar de otra cosa. Por suerte la cola se movió y rápidamente me tuve que despedir de ella.
Soy muy diplomático en estos temas: eso no es “peo” mío, así que no me meto. Si al caso vamos creo que respondí con la mayor claridad y objetividad posible. Ella es la novia. Yo no soy la novia, Ésa es su relación. Ésa no es mi relación. Tenían casi un año, según lo que me comentó, el cual considero que es tiempo suficiente para saber qué hacer con esa persona, y si quería una respuesta, ella es la única que la tiene.
Siempre me pongo nervioso cuando me piden consejos de amor, así que si quieres uno, no cuentes conmigo. Ya muchas veces lo he intentado y llegué a la conclusión que sólo la pareja puede resolver su problema; ¡AL DIABLO LOS CONSEJOS DE AMOR!








